Al norte de Texas, donde la llanura plana se parte de golpe en cañones rojos, hay un parque que casi nunca aparece en las listas de viaje. Caprock Canyons queda en el condado de Briscoe, a unos 160 kilómetros al sureste de Amarillo, y abarca unas 6.200 hectáreas de paredes de roca roja, mesetas y senderos.
Es un lugar para caminar despacio y mirar lejos. Desde los bordes, el cañón se abre en capas: roca roja abajo, vegetación verde en el fondo y, al final, la línea recta del horizonte.

Los primeros cazadores
Mucho antes de que existiera el parque, estos cañones ya tenían visitantes. Según el Departamento de Parques y Vida Silvestre de Texas, la cultura Folsom vivió aquí hace más de 10.000 años.
A orillas del lago Theo, un sitio arqueológico conserva su rastro. Las excavaciones de 1974 encontraron un campamento y una zona donde se procesaban bisontes, con puntas de proyectil y raspadores a unos 1,2 metros de profundidad, además de más de 500 huesos de una especie extinta de bisonte. El sitio tiene entre 10.000 y 12.000 años de antigüedad.

Hace más de 10.000 años, alguien esperó bisontes en este mismo parque.
Un pueblo de paso
Quitaque, el pueblo junto al parque, ya era parada regular de diligencias en 1890, cuando tenía unos 30 habitantes. El parque abrió mucho después, en 1982.

El cañón de cerca

Vale la pena agacharse. A pocos centímetros, la roca es un libro de páginas rojas con una franja blanca que cruza las capas, y cada grieta muestra una época distinta.

Al caer la tarde
Al final del día, las crestas se vuelven siluetas contra un cielo que pasa del azul al negro. Desde arriba se entiende por qué un grupo de cazadores querría quedarse a mirar.

